16 de mayo de 2011. 16:14. Lunes.
Acabo de ver la película May: la muñeca diabólica. Una película con un final predecible desde el inicio. Catalogada en la sección miedo-gore. Poco gore, creo. Miedo ninguno, solo sobresaltos musicales y ambiente tenso por el decorado. Y no jodamos, la muñeca no ayuda. Creo que he sido una de las pocas personas de mi clase que después de verla ha podido decir que le ha gustado. Quizás comparto rasgos psicópatas con May, quizás me gusta por ser algo diferente a la igualdad que hay en televisión.
Después de verla me siento extraña. La culpa de los asesinatos cometidos por ella, ¿de quién son? Sí, los hizo ella, pero ¿por culpa de…? La sociedad. Si la sociedad la hubiese aceptado con su estrabismo, y no la hubiese marginado, su vida no habría sido así. Un amigo. Ni eso, un ser que le hablase. Luego, sus padres. Extraños hasta la médula.
Tenemos un gran potencial para crear asesinos en potencia y no nos estamos dando cuenta Sería momento de empezar a pensar en lo que estamos haciendo. Ella es estrábica, pero tú eres gordo, tú no, pero eres idiota. Y así todos y uno por uno. May se alimentó a su vez de rencor. Rencor. Yo tengo rencor. A veces no sé hacia qué o quién.
En estos momentos me pregunto si sería capaz de matar a alguien. Puestos a matar la inocencia, matemos a alguien, ¿no? Me atrae lo extraña que es la protagonista., el mundo interior que se ha creado. Sus movimientos catárticos. Tiene unas manos feas. Le gustarían mis manos.
Y podrías decir como termina yo vi hasta donde vivió las partes emputadas pero me perdí el resto por ir con un familiar
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