jueves, 2 de junio de 2011

Una bufanda. De colores. A rayas. Verde. Marrón. Lila

Hay que pensar en algo concreto. Lo abstracto es doloroso. Creo, que porque no se puede palpar con los cinco sentidos. Sólo sentirlo. Pensemos:

Una bufanda. De colores. A rayas. Verde. Marrón. Lila. Tiene tacto. Quizás sedoso, quizás áspero. Se puede ver una bufanda. La puedes tocar. La puedes oler. Comer, a placer de cada uno. Se puede oír, al frotarla contra el cuello. Al estrujarla contra el cuello. Puedes destruirla en un ataque de rabia. Despedazarla, con fuerza, con lágrimas en los ojos y con ojos en las lágrimas. Puedes chillarle y patearla, que chupe el polvo del suelo. Que nos chupe los pies (o lo que sea). Se puede optar por una destrucción dolorosa. Lenta. Hija de puta. Descosiendo cada día un poco de lana. Ver como minva su esencia por culpa de la rabia no-contenida.


La rabia. La rabia (abstracta). La rabia no se destruye. Como la energía, sólo se transforma. Primero en dolor. Un dolor punzante. Un erizo de mar azucarado. Es un dolor suave, neutro, desconocido. El dolor que sientes un día cualquiera al despertarte y ver que vives un dejà vu siniestro. Esquizofrénico. Impenetrable. Imparable.

El almuerzo puede ser la fase de la autocompasión. Miradas inquisitivas a cualquier superfície que nos devuelva un vil reflejo de nuestros ojos. Autocompadecernos de haber llorado tanto y tener los ojos secos. Autocompadecernos de estar vacíos. Rosas y tangos fictíceos sin corazones ardientes. Cuerpos calientes. Sangre asuente.

Incertidumbre (en las uñas) en las manos. En el aire, las manos no tocan nada. Notan algo, pero no lo identifican. Incertidumbre (en las uñas) en la boca del estómago. Incertidumbre en el pasado. Cabe todo en un si y en un no. Incertidumbre al desconocer que ampara el si y que ampara el no.

Las lagañas son la tristeza. Las palabras de amor en francés son tristeza. Bigotes con perilla nunca palpados. Nunca mordidos. Pensamientos ajenos agenciados. Tristeza en su más pura y puta forma. Entre las costillas y los instintos reprimidos. Mujer de la consciencia. En un dúo lésbico.

Al final, y como todo, y como siempre, la soledad. Ma solitude. Gatos que hablan. Personas que gritan. Almas que callan. Armarios llenos de bufandas. De colores. A rayas. Verde. Marrón. Lila. Entre ellas y yo. Nada. Entre ellas y yo. Soledad. Rayos de sol de domingo matutino en invierno. Los inviernos argentinos. Los silencios entre carraspeos. Soledad en lo más dentro. Y supongo que profundo del alma.

Póstumamente. O no. Rabia again. Por sentir todo eso y no poder ahogarlo entre los dedos. Un adversario adverso. Astuto, que se esconde. Rabia a los bucles incandescentes. Intermitentes. Rabia al olor de galletas con mostaza. A las fresas con mostaza. A la mostaza. La plata se estropea. Dolores de espalda fieles a su hora de trabajo. El número siete deprimido.

Pero entre bucles incandescentes. Intermitentes. Rayos de felicidad. Similar a la bufanda. De colores. A rayas. Verde. Marrón. Lila. Quizás sedosa, quizás áspera. La felicidad es abstracta, but, metamorfosea.

La felicidad se puede ver.
Una fotografía. De París (encore Paris, toujours, Paris). El olor a naftalina de las habitaciones del hotel. Los parisinos arrabaleros. Los rizos franceses. La felicidad se puede tocar. Un cuerpo humano. Palpar las cicatrizes de las caídas accidentadas. Las cicatrizes profundas. Las pecas en relieve. El relieve de las pecas. Los tobillos delgados. Lenguas húmedas. Sonrisas de porcelana y piel de terciopelo. La felicidad se puede oler. Y aunque no me guste, la felicidad huele a colonia barata de hombre. A montaña durante el crepúsculo. A noches de infancia en el mar. A sal. A tierra mojada. A lluvia llovida. La felicidad se puede degustar. Los atracones de comida durante los duermevelas. El hambre de saber. Comerse la vida. La puta y jodida vida. La felicidad se puede oír. Los timbres de voces. La música automática de la cabeza al pasear en la madrugada. Las chicharras. Los tic-tac de los relojes. Los tic-tac de los relojes conectándonos con le monde.

Por eso hay que pensar en algo concreto. Lo abstracto es doloroso. Creo, que porque no se puede palpar con los cinco sentidos. Sólo sentirlo.





No hay comentarios:

Publicar un comentario